La corrida de feria celebrada este sábado en la Plaza de Toros Rodolfo Rodríguez «El Pana» de Apizaco, Tlaxcala, dejó como resultado el triunfo de Diego San Román, quien cortó dos orejas y rabo en una tarde marcada por la irregularidad del encierro y por la firme actuación de la autoridad al momento de atender una insistente petición de indulto.
El festejo, con alrededor de tres cuartos de entrada, se desarrolló con toros de La Soledad y dos ejemplares de Teófilo Gómez. Aunque el encierro presentó edad y en algunos casos presencia, el juego fue desigual y varios toros acusaron falta de fondo, lo que condicionó el desarrollo artístico de la corrida.
El momento más relevante llegó con el segundo toro del lote de San Román, un sobrero de Teófilo Gómez que sustituyó al titular tras lesionarse al saltar al callejón. El queretano lo recibió con chicuelinas y planteó una faena iniciada de rodillas, que encontró eco en los tendidos conforme avanzó con muletazos templados por ambos pitones.
La entrega del torero y la respuesta del público derivaron en una fuerte petición de indulto que, por momentos, dominó el ambiente en la plaza. Sin embargo, el juez de plaza, Marcos Macías, sostuvo el criterio reglamentario y ordenó la suerte suprema tras varios intentos de prolongar la lidia. La decisión resultó oportuna ante una petición que no parecía respaldada plenamente por las condiciones del toro.
San Román dejó una estocada entera de efectos rápidos y obtuvo los máximos trofeos, rubricando así el triunfo más contundente de la tarde. En su primero, un toro con escasa transmisión, el torero mostró oficio y disposición, aunque los fallos iniciales con la espada redujeron el alcance de la faena, por la que escuchó palmas tras aviso.

El rejoneador Guillermo Hermoso de Mendoza dejó pasajes de interés, aunque tampoco logró redondear su actuación. En el toro que abrió plaza, de poca presencia, colocó un buen rejón de castigo y banderillas con corrección, pero la falta de fuerza del animal restó continuidad al conjunto. En el cuarto, de Teófilo Gómez, se mostró más asentado con recortes y quiebros que animaron al público, además de un vistoso par a dos manos. La reiteración de fallos con el rejón de muerte diluyó el efecto de la faena.

Por su parte, Isaac Fonseca volvió a evidenciar disposición durante toda la tarde, aunque sin lograr resultados concretos. En el primero de su lote, que brindó al presidente municipal Javier Rivera Bonilla, consiguió momentos estimables a base de firmeza frente a un toro que tendía a quedarse corto. La espada volvió a ser obstáculo y el moreliano se retiró entre palmas tras aviso.
En el sexto, Fonseca se mostró nuevamente entregado, incluso después de sufrir dos sustos. Sin embargo, la debilidad del toro impidió dar continuidad a la faena y los fallos con el acero derivaron en avisos, cerrando una actuación que dejó voluntad, pero sin premio.

Más allá del resultado final, el festejo tuvo un contexto particular en una plaza donde la relación entre empresa y una afición históricamente exigente y marcada en años recientes por cuestionamientos sobre la organización de los festejo. La respuesta del público, que ocupó buena parte de los tendidos, confirma que Apizaco sigue siendo una plaza sensible a la forma en que se presentan los espectáculos.
En ese escenario, la decisión de no conceder un indulto que parecía impulsado más por el ambiente que por las condiciones objetivas del toro terminó por dar marco a un triunfo que, en el caso de San Román, encontró respaldo en la espada y en una faena que fue creciendo hasta convertirse en el momento más sólido de una tarde de altibajos.
Al final del festejo, Diego San Román fue sacado a hombros por los aficionados, como triunfador de una corrida que dejó un resultado claro en el marcador, aunque con más matices que los que indican los trofeos.








