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GARIBAY DEJA SU SELLO EN LA MAESTRANZA

Ignacio Garibay dejó una actuación de importante contenido artístico en la Real Maestranza de Caballería de Sevilla, donde dio una vuelta al ruedo durante la novillada que abrió la Feria de San Miguel. El mexicano perdió con la espada la posibilidad de obtener un trofeo, pero su concepto logró imponerse a las limitaciones del encierro de Garcigrande.

La tarde reunió a Olga Casado, Garibay y Manuel Domínguez ante seis novillos de fina y armónica presentación, aunque faltos de mayor raza y fondo. El festejo se desarrolló bajo un calor intenso y registró algo menos de tres cuartos de entrada, con alrededor de ocho mil espectadores.

Garibay encontró sus mejores posibilidades en el segundo ejemplar de la tarde. Lo recibió con verónicas ejecutadas lentamente y después realizó un quite por chicuelinas, rematado con una serpentina. Desde el comienzo mostró su intención de gobernar las embestidas mediante el temple y la colocación.

El mexicano fue volteado al iniciar la faena de muleta, pero se levantó sin que el percance modificara su planteamiento. El novillo tardaba en arrancarse y amagaba con desentenderse de las suertes, por lo que Garibay tuvo que esperarlo y sostener su atención en cada tanda.

Con la muleta en la mano izquierda, consiguió alargar las embestidas y construir naturales de trazo profundo. El mando de los vuelos y el ritmo pausado permitieron que el ejemplar desarrollara posibilidades que no había mostrado con claridad al comienzo del último tercio.

La faena tenía argumentos para ser premiada, pero una estocada atravesada que hizo guardia modificó el resultado. La petición no se tradujo en un trofeo y el novillero recibió una vuelta al ruedo como reconocimiento. Frente al quinto, de menor raza, obtuvo silencio después de aviso.

Manuel Domínguez también dejó pasajes destacados al natural, aunque el mal uso de la espada condicionó su balance. Olga Casado, primera mujer que toreó en Sevilla desde la presentación de Conchi Ríos catorce años antes, terminó con silencio y ovación tras aviso.

La actuación de Garibay no produjo una oreja, pero sí confirmó su capacidad para expresar un concepto clásico en una plaza de máxima exigencia. El mexicano salió de la Maestranza con un balance de vuelta al ruedo y silencio, además de una presentación que fortalece su proyección en escenarios españoles.

 

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