No hacen falta excesos cuando hay claridad de ideas. David de Miranda lo demostró en su debut en Manizales, donde una sola tarde fue suficiente para marcar territorio y salir por la Puerta Grande.
El español se consagró en Colombia tras cortar tres orejas a una corrida de Santa Bárbara, en un festejo condicionado por la lluvia y por la grave cornada sufrida por Juan de Castilla, que marcó el pulso emocional de la tarde.
Desde un planteamiento clásico y sin alardes, De Miranda construyó sus faenas con temple y naturalidad, entendiendo a un lote falto de fuerza y muy a ras de arena. Supo administrar cada embestida, sin forzar, haciendo al toro desde la técnica y la paciencia, logrando que la lidia fluyera pese a las limitaciones del encierro.
El segundo de la tarde, ‘Serrano’, fue el toro de mayor rendimiento del festejo. De Miranda lo recibió a la verónica y lo llevó con firmeza en el caballo. En la muleta, cuajó una faena medida y bien estructurada, por ambos pitones, aprovechando la nobleza del astado sin exigirle de más.
La estocada fue eficaz y el premio, doble: dos orejas para el torero y vuelta al ruedo para el toro.
Bajo un aguacero persistente, el onubense volvió a mostrarse asentado frente al cuarto, reafirmando su dimensión en una de las plazas más importantes de Colombia. Ante el sexto, de condición mansa, sostuvo la actitud y cerró una tarde de alto nivel, saludando una ovación tras petición que rubricó su presentación en la feria.
Los toros de Santa Bárbara mostraron una presencia incuestionable y una edad acorde al compromiso. Sin embargo, acusaron falta de fuerza y un comportamiento muy pegado al piso, confirmando que la seriedad del toro no depende del exceso de kilos, pero sí de su integridad física.
Un encierro que exigió a los toreros precisión y firmeza en cada muletazo.
La tarde quedó marcada por la grave cornada sufrida por Juan de Castilla en el tercer toro. En un quite a cuerpo limpio durante el tercio de banderillas, y tras el resbalón de un subalterno provocado por el mal estado del ruedo, el colombiano fue prendido de manera violenta y lanzado por los aires. Un gesto que resume la verdad del toreo: valor, lealtad al compañero y riesgo asumido.
Román asumió al astado tras el percance y resolvió con acierto en los engaños, aunque volvió a fallar con el acero. El valenciano había abierto plaza con un toro bien presentado pero sin calidad ni bravura, que pronto manseó en varas. Lo intentó por ambos pitones sin lograr lucimiento y fue silenciado tras aviso. El quinto tampoco ofreció opciones; Román dejó pasajes correctos con la muleta, pero nuevamente se mostró desacertado en la suerte suprema.
FICHA DEL FESTEJO
Segunda Corrida de Feria, Manizales, Colombia
Entrada: Casi lleno, en tarde lluviosa
Ganadería: Santa Bárbara (Colombia), bien presentados y de juego desigual
Román: silencio tras aviso, silencio y silencio
D: dos orejas, oreja tras aviso y ovación tras petición
JUAN DE CASTILLA: herido








