Sevilla se convierte en escenario del redescubrimiento de una obra singular y hasta ahora desconocida de Fernando Botero. Se trata de un capote de torero pintado y dedicado por el artista colombiano en el año 2001, pieza inédita que ha permanecido fuera del ámbito público durante más de dos décadas y que hoy queda bajo la custodia de la Fundación Social y Cultural Caja Rural del Sur.
El capote fue entregado recientemente a la entidad por José Manuel Cárdenas, conocido como “Mame”, destinatario original de la dedicatoria que figura en la obra: “A Mame Botero 2001”. Esta inscripción establece un vínculo directo entre la pieza y el entorno personal del artista, además de confirmar su autoría y fecha.
La obra reúne varios elementos de interés: la intervención directa de Fernando Botero sobre un soporte taurino, su carácter inédito y el largo periodo en el que permaneció resguardada en el ámbito privado. A ello se suma su actual depósito en Sevilla, ciudad estrechamente ligada a la historia y tradición de la tauromaquia.
Desde el punto de vista artístico, el capote de brega —confeccionado por la sastrería sevillana Pedro Algaba, cuyo sello se conserva en la tela interior amarilla— se convierte en un lienzo intervenido por el lenguaje plástico característico de Botero. Sobre el fondo amarillo, el artista representa una escena taurina dominada por un toro de volúmenes amplios y contornos redondeados, con cuernos curvos y gesto firme, situado en el centro de la plaza. La presencia del público aporta equilibrio y profundidad a la composición.
La pieza se encuentra en perfecto estado de conservación. Está firmada y fechada en 2001, dedicada a su propietario y protegida mediante un enmarcado de madera con cristal, lo que ha permitido su preservación a lo largo del tiempo.
El origen del capote pintado se sitúa en una relación personal cercana. José Manuel Cárdenas mantiene una amistad de años con Lina Botero, hija del artista, a raíz de su matrimonio con el español Rodrigo Sánchez Arjona, amigo de infancia del propietario. En ese contexto, Lina Botero trasladó el capote a París, ciudad donde Fernando Botero residía desde 1992, para que fuera intervenido y dedicado expresamente a “Mame”.
Desde su creación, la obra permaneció siempre en manos de su legítimo propietario, resguardada en su domicilio particular, hasta su reciente entrega a la Fundación Social y Cultural Caja Rural del Sur.
La aparición pública de este capote aporta un nuevo testimonio a la relación de Fernando Botero con la tauromaquia y con España, y abre una línea de lectura que enlaza arte contemporáneo y tradición taurina desde un soporte poco habitual dentro de la producción del artista.








