Titansports International

ARQUITECTO DE LA TAUROMAQUIA

Tlaxcala y el mundo taurino despiden con profundo respeto al arquitecto Mario del Olmo Sánchez, un hombre cuya vida fue un permanente diálogo entre la arquitectura y la pasión por la fiesta brava. Tlaxcalteca de origen y convicción, dejó una huella imborrable tanto en la fisonomía urbana de su estado como en la historia reciente de la tauromaquia en México.

Entre planos y capotes

Desde joven soñó con el toreo e incluso llegó a vestirse de luces en su etapa de novillero. Aunque su camino profesional lo llevó a formarse como arquitecto en la Universidad Nacional Autónoma de México, nunca se desprendió de su vocación taurina. Esa dualidad marcó su obra y le permitió proyectar espacios emblemáticos al servicio de la fiesta.

Su firma quedó plasmada en plazas como la de Villahermosa y, especialmente, en la Plaza de Toros de Apizaco, considerada su obra más personal. Inaugurada en 1986 por encargo del entonces gobernador Tulio Hernández, el coso fue concebido aprovechando la topografía natural del terreno, con una isóptica estudiada al detalle y una clara inspiración en la Plaza México. En ella volcó —como él mismo reconocía— sus “ansiedades de torero”, creando un recinto funcional, armónico y pensado para el espectador.

También participó en proyectos vinculados al ámbito taurino como las instalaciones de la Asociación de Matadores y la remodelación de la Plaza México, reafirmando su compromiso con la infraestructura de la fiesta.

Proyección internacional

Más allá del mundo taurino, su talento trascendió fronteras. Colaboró con el reconocido arquitecto Pedro Ramírez Vázquez en proyectos desarrollados en Tel Aviv y Marsella, además de realizar obras en Costa Rica y Chicago.

Entre sus mayores satisfacciones profesionales destacó el diseño del Auditorio de la Guelaguetza, en Oaxaca, un anfiteatro al aire libre inspirado en estudios realizados en Grecia y que, con el paso de los años, se convirtió en uno de los espacios culturales más representativos del país. El recinto fue incluso sede de una misa del Papa Juan Pablo II.

En Tlaxcala también dejó aportaciones significativas como la remodelación de la Plaza Juárez —resolviendo problemas urbanos mediante la creación de estacionamientos subterráneos—, la Normal del Estado en Panotla y diversos edificios del ITE, consolidando una trayectoria arquitectónica integral.

El hombre

En el plano personal, el “arqui” Del Olmo fue reconocido por su sencillez, su trato afable y su discreción. Integrante de una familia profundamente ligada al toro, fue padre de los matadores Mario y Mariano del Olmo González, a quienes acompañó siempre con prudencia, respeto y categoría.

Hoy se despide un profesional íntegro y un apasionado de la tauromaquia que supo edificar su vida con la misma estructura y emoción con la que diseñó sus plazas. Su legado permanece en cada obra y en la memoria agradecida de Tlaxcala y de la afición que siempre lo consideró uno de los suyos.

Scroll al inicio