En el quinto festejo de la Feria de San Isidro, celebrado este 13 de mayo en Las Ventas, se lidiaron seis toros de la ganadería de Partido de Resina. El encierro llegó bien presentado, con la belleza y tipicidad característica de su histórica sangre Pablo Romero: toros guapos, astifinos, de buena lámina y hechuras serias. Sin embargo, en el ruedo mostraron una realidad muy distinta: mansos en los caballos, sosos, descastados, sin transmisión ni fondo en el último tercio. Una corrida de escaso juego que condenó la tarde al gris y al olvido. La terna estuvo formada por el veterano Antonio Ferrera, el mexicano Ernesto Javier ‘Calita’ y el venezolano Jesús Enrique Colombo.
Solo Ferrera estuvo a la altura de Las Ventas. Antonio Ferrera rescató la tarde con su torería, dominio y profundo conocimiento. Ante el primero aplicó oficio ante un toro anodino. Con el cuarto, impuso maestría y paciencia: colocación impecable, temple y muletazos robados con sentimiento a un animal que apenas daba opciones. Su faena, cargada de verdad y veteranía, mereció la ovación más clara de la tarde (tras aviso). En una jornada sin emoción, el extremeño puso corazón y saber estar. Los toreros latinos no estuvieron a la altura del compromiso.

Calita pasó prácticamente desapercibido. Lejos de conectar con los tendidos, su toreo resultó deslucido y sin chispa ante unos toros que no colaboraron, pero que tampoco encontró la forma de dominar. Dos silencios que reflejaron una actuación sin peso ni momentos reseñables en la Monumental.

Jesús Enrique Colombo protagonizó una de las imágenes más lamentables de la tarde. Habitualmente solvente con los palos, en su primero colocó algunos pares aceptables, pero con el sexto ofreció un tercio de banderillas bochornoso y fallido: incapaz de clavar con un toro que esperaba arriba, lo intentó sin éxito, generó protestas sonoras del público y finalmente cedió el tercio a su cuadrilla, que tampoco pudo cumplir. El presidente tuvo que ordenar el cambio tras solo dos palos. Su labor con la muleta tampoco levantó pasiones y cerró con pitos. Una actuación muy por debajo de lo que se exige en San Isidro.

Fue una tarde dura y decepcionante, de esas que duelen en la feria. Partido de Resina trajo estética pero no bravura ni clase. Ferrera demostró que el oficio y el sentimiento siguen siendo armas decisivas cuando el toro no acompaña. Los demás, simplemente, no dieron la talla.








