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A RITMO PROPIO: CARLOS CARMONA

Carlos Carmona, anunciado como Finkley Carmona, atraviesa en México una etapa de afirmación profesional marcada por la constancia y la búsqueda de sitio. Hijo del matador de toros y apoderado español Lázaro Carmona, su llegada a Tlaxcala responde a una decisión meditada: continuar su desarrollo como novillero en un contexto donde el tiempo, el campo y las oportunidades permiten avanzar sin precipitación.

A sus 26 años, Carmona acumula un recorrido amplio dentro de la base del escalafón. Desde que debutó como becerrista a los 15 años y de luces a los 16, ha sumado 35 novilladas sin picadores, además de un número reducido de festejos con caballos, condicionado por temporadas intermitentes y largos periodos sin contratos. Una trayectoria irregular que, lejos de apartarlo, lo ha obligado a sostenerse desde la preparación, el entrenamiento y la paciencia.

Su reciente paso por México ha comenzado a dar señales concretas. En León, dejó constancia de su concepto con una actuación que le permitió dar vuelta al ruedo, y este lunes en Hueyotlipan, Tlaxcala, firmó una tarde de especial significado al indultar un novillo de la ganadería José María Arturo Huerta, con quien compartió la vuelta al ruedo, en un reconocimiento mutuo al juego del animal y al entendimiento en la faena.

Carmona se define por un concepto reposado, basado en el ritmo y la pausa. En ese sentido, ha encontrado afinidad con el toro mexicano, al que considera distinto en comportamiento y tiempos: “El toro mexicano tiene un ritmo completamente diferente. El toreo es más lento”, resume, aludiendo a la posibilidad de torear con mayor profundidad y continuidad, incluso en la dificultad.

Dentro de su tauromaquia hay un recurso que ha terminado por identificarlo y que introduce desde el inicio de la faena: la Carmonina, un pase creado e impulsado por él mismo. Se ejecuta desde la portagayola, de rodillas y de espaldas al toro, recibiendo la embestida para girar el cuerpo y sacar al animal por el lado contrario, cambiándole el viaje en el último instante. Es un lance de alto compromiso, complejo en su ejecución y que exige temple, precisión y una lectura exacta de la arrancada del novillo. Más que un alarde estético, la Carmonina forma parte de su planteamiento mental: comenzar la lidia desde la máxima exigencia para afirmarse desde el primer instante.

La preparación ha sido otro de los pilares de esta etapa. Entrenamientos físicos en condiciones de altura extrema, trabajo diario desde su llegada y tentaderos exigentes en el campo bravo tlaxcalteca han servido para medir su estado tras años de escasa actividad. Ese proceso ha sido determinante para recuperar sensaciones y continuidad, más allá de los resultados puntuales.

Entre sus objetivos permanece la aspiración de presentarse en Madrid, plaza que considera clave en cualquier carrera. Consciente de la responsabilidad que ello implica, Carmona entiende que el camino pasa primero por consolidarse en cada actuación y responder a las oportunidades que surjan, tanto en México como en España.

En Tlaxcala, Carlos Carmona no acelera los tiempos. Suma experiencia, afianza un concepto y aprovecha un entorno que le permite seguir en activo. El proceso continúa, con la intención de sostenerse desde el trabajo diario y la regularidad, sin perder de vista que el toreo, para algunos, se construye a largo plazo.

 

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