La tercera corrida de la Feria de Manizales confirmó el tono exigente y accidentado que ha marcado el serial. Con toros de Las Ventas del Espíritu Santo, bien presentados pero de juego muy limitado, la tarde se sostuvo más por la disposición y entrega de los toreros que por las virtudes del encierro.
Antonio Ferrera volvió a demostrar por qué su presencia es valorada por la afición manizaleña. Más allá de que su concepto resulte complejo para algunos sectores, el extremeño no minimiza la plaza y se entrega sin reservas. Fue lidiador desde el capote hasta la muleta, asumió la suerte de banderillas y entendió a un primero noble pero falto de fuerza, al que cortó una oreja tras estocada por volapié. El cuarto, claramente manso y sin transmisión, le cerró cualquier posibilidad de lucimiento pese a su insistencia por ambos pitones. Paseó una oreja en una actuación marcada por la entrega.
El balance ganadero dejó poco margen para la discusión: la mansedumbre fue la nota dominante del encierro de Las Ventas del Espíritu Santo, una divisa que arrastra un historial irregular. Si bien la presencia fue irreprochable, la falta de transmisión, el escaso fondo y el descastamiento generalizado plantean la necesidad de cuestionar su inclusión en ferias colombianas donde se pierden opciones de lucimiento y emoción en el ruedo.
Borja Jiménez cayó de pie en Manizales. El sevillano de Espartinas encontró en el sexto al mejor toro de la tarde, uno que, sin salirse del tono del encierro, ofreció mayor duración y ritmo. Jiménez lo entendió desde el recibo a la verónica y por chicuelinas, y construyó una faena firme, bien plantado, sin un paso atrás. Las series, templadas y mandonas, alcanzaron su punto más alto al natural, con la muleta arrastrada por la arena. Una estocada certera le valió el corte de dos orejas y el reconocimiento pleno del público. Con el descastado tercero tuvo escasas opciones y fue silenciado.
La gesta de la tarde llevó el nombre de José Arcila. El colombiano resultó gravemente herido en el segundo de su lote tras una cornada en el muslo derecho, producida mientras ejecutaba una serie sobre la diestra ante un toro falto de fuerzas y de embestida incierta. El palco no atendió las protestas del público por la condición del astado, y Arcila, visiblemente afectado, volvió a la cara del toro tras pasar por la enfermería.
Sin ser operado, Arcila regresó al ruedo para enfrentar al quinto. Un gesto de raza y compromiso que fue premiado con una oreja. Con un toro que manseó en los primeros tercios y llegó muy medido de fuerzas a la muleta, el colombiano apostó por el temple y la colocación a media altura, logrando dos series de notable ajuste antes de rematar con una estocada.
La tarde, condicionada por la lluvia, la dureza del ganado y los percances, tuvo su broche de oro en la conjunción de la bravura del mejor toro del envío y el toreo rotundo de Borja Jiménez, en una feria que sigue exigiendo al máximo a hombres y estructuras.
Ficha del festejo
Plaza de toros de Manizales, Colombia. Tercer festejo de feria. Casi lleno, en tarde lluviosa.
Toros de Las Ventas del Espíritu Santo, bien presentados y de juego muy limitado.
- Antonio Ferrera: oreja y silencio tras aviso.
- José Arcila: silencio tras aviso (herido) y oreja.
- Borja Jiménez: palmas y dos orejas.








