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EL TOREO DE PLATA DESPIDE A JUAN RAMÓN SALDAÑA

La tauromaquia de México pierde a uno de sus hombres de vocación callada y entrega íntegra. Juan Ramón Saldaña, banderillero mexicano, nacido en la Ciudad de México el 4 de mayo de 1973, fallece dejando tras de sí una trayectoria marcada por la seriedad, la disciplina y el honor heredado de una estirpe profundamente ligada a la fiesta brava.

Sobrino del picador Rodolfo Acosta Chávez y de los subalternos Alfredo Acosta Chávez y Francisco Acosta Chávez “Paquiro”, Juan Ramón creció en un entorno donde el toro fue siempre más que un oficio: una forma de entender la vida. Desde muy joven asumió con responsabilidad el rigor del ruedo, consciente del compromiso que implica el toreo de plata y del papel silencioso, pero imprescindible, que desempeña en la lidia.

El 18 de agosto de 1999 marcó un momento decisivo en su carrera al presentar su examen de subalterno/banderillero en la Plaza de Toros de Teziutlán, Puebla. Aquella tarde, de especial relevancia, alternó junto a figuras como Miguel Espinosa “Armillita”, Eulalio López “Zotoluco” y Jerónimo Ramírez de Arellano “Jerónimo”, frente a toros de la ganadería de Javier Garfias, sellando así su compromiso definitivo con la profesión.

A lo largo de su trayectoria formó parte de las cuadrillas de destacados matadores de a pie como Alejandro Silveti, Enrique Fraga, Ignacio Garibay, Joselito Adame y Diego Silveti, entre otros, así como de reconocidos caballeros rejoneadores. Su trabajo quedó reflejado en plazas de México y del extranjero, siempre con la misma tónica: profesionalismo, lealtad y respeto absoluto al toro y al matador.

Hombre de campo y de plaza, Juan Ramón Saldaña fue ejemplo de esos toreros que no buscan el aplauso fácil ni el protagonismo, pero sin cuya labor el espectáculo no se sostiene. Firme en el ruedo, discreto fuera de él, entendió siempre la responsabilidad que conlleva vestir el traje corto y asumir la suerte con dignidad.

 

Hoy, su nombre queda inscrito en la memoria del toreo como el de un profesional cabal, de los que honran la plata con trabajo honesto y vocación profunda. Su recuerdo permanecerá en cada paseíllo, en cada barrera y en cada tarde en la que el toro vuelve a poner a prueba el valor del hombre.

 

Descanse en paz, Juan Ramón Saldaña.

El toreo de plata lo despide con respeto y gratitud.

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